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Somos las decisiones que tomamos.

16 May Somos las decisiones que tomamos.

“Cada decisión que tomamos nos transforman en lo que somos, constituyen la vida que elegimos y de esa forma somos lo que pensamos, lo que elegimos pensar y lo que elegimos hacer”. Erich Fromm.

De esta forma, cuando alguien se pregunta: “¿Cómo he llegado a esto?”, debería mirarse en el espejo para ver al responsable y, de paso, para repasar la larga lista de elecciones que ha tomado hoy, ayer, la semana pasada, el mes pasado y/o los últimos años. Con cada decisión que tomamos o no -porque “no decidir” también significa tomar una decisión-, la vida toma una dirección que a veces coincide con lo que queremos, otras veces se acerca y otras tantas está en las antípodas de aquello.

Tomamos decisiones todo el tiempo, pero, ¿sabemos cómo las tomamos? Hagamos un poquito de historia. Hasta no hace mucho tiempo, el marketing por ejemplo, se centraba en la idea de satisfacer las necesidades de los clientes “leyendo” y analizando los comportamientos del consumidor para desarrollar estrategias de venta alineadas a esa lógica comportamental. Hoy, gracias a la neurociencia, sabemos que mucho (o todo) lo antes dicho ha quedado en la historia; y no sólo en la historia del marketing. Hoy sabemos que todos nuestros comportamientos y todas las decisiones que tomamos se originan en el cerebro y, aproximadamente, el 90% de esas decisiones que tomamos cada día son inconscientes.

¿Qué quiere decir? Que aunque muchos se esfuercen en autodefinirse como “racionales para todo” hoy quedan en una triste evidencia. De hecho, nuestra parte racional suele encargarse de “justificar racionalmente” aquellas decisiones que hemos tomado sin saber muy bien por qué. Podríamos decir que también quedan en evidencia aquellos que afirman cuestiones extremas como “soy así”, atribuyendo su comportamiento a una genética pura e inamovible y anulando toda posibilidad de cambio. Aunque, veamos un poco más por qué estas afirmaciones son insostenibles.

Como hemos mencionado, un altísimo porcentaje de las elecciones que hacemos son inconscientes. Esto significa que están basadas en experiencias, pensamientos, patrones emocionales y creencias, que no son ni más ni menos que conexiones neuronales que se han ido conformando con el paso del tiempo; que se desempeñan en conjunto para realizar cada actividad y que se van reforzando a medida que repetimos una acción. No obstante, esas conexiones no son inamovibles; por el contrario, de acuerdo al concepto de neuroplasticidad, se sabe que el cerebro tiene la capacidad de desarrollar a lo largo de la vida nuevas conexiones, eliminar otras y cambiar o modular la intensidad de las que ya existen.

Saber que no somos el resultado de una pura genética caprichosa e inalterable, supone una maravillosa oportunidad de cambio.

Al final, todo está en nuestras manos y depende de nuestra voluntad e intención en identificar, en poner luz, en hacer consciente los patrones inconscientes que rigen aquel o aquellos comportamientos que deseamos modificar.

Y aunque todo esto suena a alivio (y lo es), también viene acompañado de una gran responsabilidad y de una gran oportunidad para plantearnos algunas cosas que pueden venir ocurriéndonos hace tiempo y que no nos hemos animado a cuestionar. Por ejemplo:

¿Realmente todo funciona como queremos? Todas las decisiones que hemos tomado y que nos han puesto donde estamos, ¿han sido las mejores? ¿Cuántas veces hemos intentado, sin obtener tan buenos resultados, empezar, retomar o terminar aquel proyecto? ¿Por qué no podemos conseguir los objetivos personales y/o profesionales que nos proponemos?

Si sabemos que podemos cambiar todo eso y más, que podemos ponerle nombre y cara a los procesos inconscientes que nos dejan una y otra vez por el camino, y que además todo eso está en nuestras manos, ¿qué estamos esperando? A propósito de esto, Peter Drucker, uno de los más importantes filósofos empresariales del siglo XX, afirmaba:

“La planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes”.

Y en ese sentido, NeuroQuotient® es la herramienta que nos permite detectar nuestro estado actual -cómo si fuera una foto- y orientándonos en las áreas de trabajo para alcanzar nuestro estado deseado. Se trata de un modelo sencillo que -sin perder su base científica- nos permite conocer la información que hay en nuestro inconsciente de una manera práctica y rápida.

Efectivamente, facilita la toma de conciencia sobre lo que nos limita y nos abre la posibilidad de actuar para cambiar lo que ya no funciona. Cuando tomamos conciencia de nuestras eficacias y limitaciones, de nuestras debilidades y fortalezas, de nuestras carencias y necesidades, es posible obtener una gran cuota de realidad respecto a todos aquellos aspectos en los que necesitamos trabajar, ya sea para desarrollarlos, mejorarlos u optimizarlos. Por estos motivos NeuroQuotient® es extensivo y aplicable a cualquier persona, para su crecimiento personal y profesional.

Se trata de tomar conciencia del punto de partida, y alineándonos con la afirmación de Drucker, mejorar la toma de decisiones en el presente para que diseñen más adecuadamente el futuro que deseamos en cualquier aspecto.

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